Recién el fin de semana tuve la oportunidad de ver la película de Guillermo del Toro, El Laberinto del Fauno, una película que me cautivo de manera sutil por sus impresionantes detalles de calidad. No soy crítico de cine, y no pretendo serlo tampoco, pero realmente me encantan las películas y más las que tienen calidad.
Es agradablemente placentero poder disfrutar de un film con los detalles bien logrados, un excelente guión que no deja lugar a la duda o el aburrimiento, las actuaciones, la fotografía, los efectos especiales, el maquillaje, y ni decir de la dirección artística.
Pero a lo que me quería referir de la película no tiene nada que ver con lo antes mencionado, sino con la capacidad que tenemos los humanos de sobreponernos a las situaciones adversas. Se puede ver como el arte, en este caso la lectura de cuentos de Hadas, logra que una niña abatida por la adversidad encontrara refugió en la ilusión misma, en ese mundo imaginario que le ayudo a sobreponerse ante la realidad.
Esa imaginación que nos mantiene firmes y que nos ayuda a plantearnos las metas y los sueños para vivir. Estos que muchas veces tratan de ser sofocados (y son apagados si no hay templanza) por la realidad vivida. Pues la realidad, la vida, el diario vivir son adversarios continuos y fuertes para la felicidad y la realización humana.
Pues amigos les invito a que se tomen un momentito y disfruten de esta película.